La Pintura
en Presente
La Pintura en Presente
Texto Curatorial
Desde hace poco más de veinte años, varios de los artistas que han participado en el Salón de Julio han inscrito una marca crítica en su comprensión de la pintura. La 65.ª edición aspira a reanudar este impulso crítico, activando el filón cuestionador y político que en otro momento marcó esta convocatoria y buena parte del arte ecuatoriano. Recuperar esa vertiente crítica nos recuerda que la pintura es un dispositivo de representación de clase, raza, linaje, propiedad y autoridad que ha ordenado el mundo visible y ha legitimado jerarquías. También nos recuerda que la pintura es parte de un régimen de exclusión, en tanto ha definido los cuerpos, paisajes, sensibilidades y técnicas que deben entrar en la historia del arte; que la pintura, en definitiva, no puede agotarse en los encargos decorativos y confortables de las élites.
La delicada coyuntura social y política que enfrentamos demanda una mirada comprometida con el presente, capaz de interpelar el pasado e imaginar el futuro. En la gramática española el modo indicativo nombra el tiempo presente, expresa hechos reales, objetivos y verificables. Es el modo más utilizado en el idioma para describir las acciones pasadas, presentes o futuras del mundo real. A diferencia del subjuntivo (hipotético) o del imperativo (órdenes), el indicativo afirma con certeza. “La pintura en presente” –título y concepto de esta convocatoria– propone a los artistas operar con esas certezas –con este “valor de verdad” propio de los enunciados construidos en modo indicativo–, sin olvidar la ambigüedad, la connotación y la pluralidad de significados propia de toda producción simbólica.
Desde estas reflexiones, la nueva convocatoria del Salón de Julio invita a los artistas a recapturar la fuerza y el potencial político y poético de la pintura, a ensayar con los conceptos, las técnicas, los soportes y las formas, y a experimentar con sus propios imaginarios para dialogar de un modo incisivo e interpelante con la convulsa y compleja realidad que nos atraviesa.
Al celebrar su 65.ª edición, el Salón de Julio siente la imperiosa necesidad tanto de desafiar la imaginación de los artistas como de amplificar el repertorio de los nombres y las miradas bajo la convicción de que el cuidado del futuro solo puede surgir de un compromiso profundo con el presente.